El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Juzgarlo y trasladarlo era salvarle la vida, encontraría defensores y quizá podría evadirse. Lo mismo se había hecho con los otros bandidos que habían caído heridos o prisioneros en el combate cerca de La Calavera. La población de Morelos, estaba escandalizada, pero como hechos de esa naturaleza no habían sido, por desgracia, sino muy frecuentes, no paso de ahí.
Martín Sánchez reflexionó entonces que mientras no se emprendiese en grande la lucha con los bandidos, éstos, por la mancomunidad de intereses que tenían entre sí, habían de favorecerse siempre; que mientras él, Martín, y otros jefes perseguidores no tuviesen facultades como las que tuvo en otro tiempo el famoso Oliveros, había de ser inútil toda persecución, porque sometidos los bandidos al fuero común, habían de encontrar recursos, influencias y dinero para substraerse al castigo. Que mientras no viesen los pueblos la lucha abierta sin cuartel entre la autoridad y los malhechores, no habían de decidirse a favor de la primera.
En ese concepto pensó en dar un paso decisivo para saber a qué atenerse; y resolvió ir a México, para apersonarse con el presidente Juárez, darle cuenta con verdad del estado en que se hallaba la tierra caliente, decidirlo a favor de la buena causa y pedirle facultades, armas y apoyo.