El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Nadie esperaba ver allà a esa fuerza, que se aparecÃa como salida de la tierra. ¿Qué podÃa ser?
Era la tropa de MartÃn Sánchez Chagollán, como cien hombres y con el aspecto lúgubre y terrible que les conocemos.
Al descubrir el cortejo nupcial, alegre y acompañado de la música, el comandante, es decir, MartÃn Sánchez, se adelantó hasta donde venÃa el guayÃn de los novios, y quitándose el sombrero respetuosamente, dijo a Nicolás:
—Buenos dÃas, amigo don Nicolás; no esperaba usted verme por aquÃ, ni yo tenÃa el gusto de saludar a usted y de desearle mil felicidades, lo mismo que a la señora, que es un ángel. Ya le explicare el motivo de mi presencia aquÃ. Ahora mi tropa va a presentar las armas, en señal de respeto y de cariño, y yo le ruego a usted que continúe sin parar hasta la hacienda. Allá iré yo después.
TenÃa MartÃn Sánchez tal aspecto de serenidad y de franqueza que Nicolás no sospechó nada siniestro. Asà es que se contentó con darle un apretón de manos, y con presentarles a su esposa y a las demás personas del guayÃn.