El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Cuando acabó de hablar con el alcalde, se levantó, y haciéndome una seña me presentó a aquel honrado personaje, a quien no solamente saludé sino que, en cumplimiento de mis deberes militares, me presenté oficialmente, habiéndome excusado él con suma bondad de la fórmula de presentación en la casa municipal esa noche, aunque ofrecà poner en sus manos mi pasaporte al dÃa siguiente.
Después, el cura me presentó a un sujeto que habÃa estado hablando con él, juntamente con el alcalde, y cuya inteligente fisonomÃa me habÃa llamado ya la atención.
—El señor —me dijo el cura— es el preceptor del pueblo, de quien yo soy ayudante; pero todavÃa más: amigo Ãntimo, hermano.
—Es mi maestro, señor capitán —se apresuró a añadir el preceptor—. Yo le debo lo poco que sé y le debo más: la vida.