El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Chist… —replicó el cura— usted es bueno y exagera los oficios de mi amistad. Pero usted está fatigado, capitán, y preciso será tomar un refrigerio, sea que quiera usted dormir, o bien acompañarnos en la cena de Navidad. Yo no lo acompañaré a usted, porque tengo que decir la misa del gallo; ya sabe usted: costumbres viejas y que no encuentro inconveniente en conservar puesto que no son dañosas. Aquà no hay desórdenes a propósito de la gran fiesta cristiana y de la misa. Nos alegramos como verdaderos cristianos.
Guióme entonces el cura a un pequeño comedor, en el que también ardÃa un agradable fuego, y allà nos acompañó al preceptor y a mà mientras tomábamos una merienda frugal, pues no quise privarme del placer de hacer los honores a la tradicional cena de Navidad.
Después, dejándome reposar un rato, salió con el preceptor a preparar en la iglesia todo lo necesario para el oficio.
Cuando volvió, me invitó a dar una vuelta por la placita, en que se habÃa reunido alguna gente en derredor de los tocadores de arpa y al amor de las hermosas hogueras de pino que se habÃan encendido de trecho en trecho.