El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas —Ya sabe usted, señora —dijo Nicolás con aire sombrÃo—, las de siempre…, plagios, asaltos, crÃmenes por donde quiera, no hay otra cosa. Antier se llevaron los plateados de Xochimancas al purgador de la hacienda de San Carlos. Ayer, en la mañana, se llevó otra partida al ayudante de campo, que habÃa salido a la tranca de la hacienda nada más; después mataron a unos arrieros que iban de Cocoyoc al camino de México.
—¡Misericordia de Dios! —exclamó la señora—; si no es posible vivir ya en este rumbo. Si yo estoy desesperada y no sé como salir de aquÃ…
—A propósito —continuó Nicolás—; si usted insiste, señora, en su deseo de irse a México, y ya que ha rehusado usted mis servicios para acompañarla, pronto se le ofrecerá a usted oportunidad.
—¿S� ¿Cómo? —preguntó con ansiedad la señora.