El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas Cuando hubo pasado aquel momento de profunda emoción, el cura se apresuró a presentarme a dos personas respetabilísimas, sentadas cerca de nosotros, y que no habían sido las que menos se conmovieran con el relato del maestro de escuela. Estas dos personas eran un anciano vestido pobremente y de estatura pequeña, pero en cuyo semblante, en que podían descubrirse todos los signos de la raza indígena pura, había un no sé qué que inspiraba profundo respeto. La mirada era humilde y serena; estaba casi ciego, y la melancolía del indio parecía de tal manera característica a ese rostro, que se hubiera dicho que jamás una sonrisa había podido iluminarlo.