El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas La otra persona era la mujer del tío Francisco, una virtuosísima anciana, indígena también y tan resignada, tan llena de piedad como su marido, a cuyas virtudes añadía las de un corazón tan lleno de bondad, de una laboriosidad tan extremada, de una ternura material tan ejemplar y de una caridad tan ardiente que hacían de aquella singular matrona una santa, un ángel. El pueblo entero la reputaba como su joya más preciada, y tiempo hacía que su nombre se pronunciaba en aquellos lugares como el nombre de un genio benéfico. Se llamaba la tía Juana y tenía siete hijos.
El cura, que me daba estos informes, me decía: