El Zarco. La Navidad en las montanas
El Zarco. La Navidad en las montanas QUIÉN ERA EL ZARCO
Entretanto, y a la sazón que Manuela examinaba sus nuevas alhajas, el Zarco, después de haber dejado las orillas de Yautepec, y de haber atravesado el río con la misma precaución que había tenido al llegar, se dirigió por el amplio camino de la hacienda de Atlihuayan al montañoso por donde había descendido y que conducía a Xochimancas.
Era la medianoche, y la luna envolviéndose en espesos nubarrones, dejaba envuelta la tierra en sombras. La calzada de Atlihuayan estaba completamente solitaria, y los árboles que la flanquean por uno y otro lado, proyectan una oscuridad siniestra y lúgubre, que hacían más densa los fugaces y pálidos arabescos que producían los cocuyos y las luciérnagas.
El bandido, conocedor de aquellos lugares, acostumbrado, como todos los hombre de su clase, a ven un poco en la oscuridad, y más que todo, fiado en la sensibilidad exquisita de su caballo, que al menor ruido extraño aguzaba las orejas y se detenía para prevenir a su amo, marchaba paso a paso, pero con entera tranquilidad, pensando en la próxima dicha que le ofrecía la posesión de Manuela.
