El Zarco
El Zarco —Parece que fue una cosa espantosÃsima —continuó Nicolás—. Ahà amanecieron tirados los cadáveres, nomás los cadáveres, porque los bandidos se llevaron, naturalmente, los equipajes, las mulas, los caballos y todo. ¡La noticia llegó a Cuernavaca muy temprano, los vecinos de Alpuyeca trajeron después en camillas a los muertos, entre los que habÃa niños. Ahà tienen ustedes el porqué la fuerza del gobierno, que venÃa para acá, recibió orden de dirigirse, en combinación con otra que salió de Cuernavaca, en persecución de los bandidos.
—¿Y los cogerán? ¿Usted cree que los cogerán, Nicolás? —preguntó la señora.