El sobrino de Dios
El sobrino de Dios —Padre, necesito respuestas —dijo el muchacho, sentándose en uno de los bancos del templo vacÃo—. No puedo más. Todos esperan algo de mÃ. Quieren milagros, bendiciones... pero yo no sé qué soy.
El sacerdote suspiró, ajustándose las gafas. —Dios tiene maneras misteriosas, hijo mÃo. No siempre es fácil entender Su plan.
—Pero, ¿y si no hay plan? —replicó Purito, con la voz cargada de angustia—. ¿Y si todo esto es un error?
El cura lo miró con compasión, pero también con un leve atisbo de impotencia. —A veces, las pruebas que enfrentamos no tienen sentido en el momento. Pero si perseveramos, las respuestas llegan.
—Eso no me ayuda —dijo Purito, poniéndose de pie con frustración. Su voz resonó en la iglesia vacÃa—. ¡Estoy cansado de no saber!
El sacerdote no respondió, y Purito salió del templo sintiéndose más perdido que nunca.
Los dÃas siguientes fueron un torbellino. El pueblo estaba organizando una gran procesión en honor a su supuesto "sobrino de Dios". La noticia habÃa atraÃdo a visitantes de otros lugares, y la plaza estaba repleta de gente que coreaba su nombre.
—¡Purito! ¡Purito! ¡Danos tu bendición!