Corazón
Corazón Quiérele porque tu padre lo quiere y lo respeta; porque dedica su vida al bien de muchos chicos que luego no se acordarán de él, porque despierta e ilumina tu inteligencia y te educa el corazón; porque un día, cuando seas hombre y ya no estemos en el mundo ni él ni yo, su imagen se presentará con frecuencia en tu recuerdo al lado de la mía, y entonces, ciertas expresiones de dolor y de cansancio en su rostro de hombre apacible y honrado, en las que ahora no reparas, las recordarás y te causarán pena, aun pasados treinta años; y te avergonzarás, sentirás tristeza por no haberle querido como se merecía y por haberte portado mal con él.
Quiere a tu maestro, porque pertenece a la gran familia de cincuenta mil docentes primarios, esparcidos por toda la geografía de Italia, y que son como los padres intelectuales de los millones de chicos que crecen contigo, unos trabajadores no conceptuados merecidamente y mal pagados, que preparan para nuestra patria una generación mejor, más próspera y desarrollada que la presente.