Corazón
Corazón En cierto momento se vio al capitán, hasta entonces impasible, dar muestras de inquietud y salir precipitadamente del cuarto, seguido de un sargento. Al cabo de tres minutos volvió corriendo el sargento y llamó al tamborcillo, haciéndole señas para que le acompañase. El muchacho le siguió, subiendo rápidamente por una escalera de madera, y entró con él en un desván desmantelado, donde estaba el capitán escribiendo con lápiz en una hoja de papel, apoyándose en la ventanilla; a sus pies, enrollada en el suelo, habÃa una soga de las que se usan en los pozos.
El capitán dobló la hoja, y clavando en el muchacho sus ojos, grises y frÃos, ante los cuales temblaban todos los soldados, le dijo a bocajarro:
—¡Tambor!
El muchacho se llevó la mano a la visera, y el capitán le preguntó:
—¿Tú eres valiente?
—SÃ, mi capitán —respondió el chico, relampagueándole los ojos.