Corazón
Corazón Ya confiaba que hubiese logrado pasar inadvertido, cuando cinco o seis nubecillas de polvo, que se elevaron del suelo por delante y detrás del muchacho, le dieron a entender que le habían visto y le disparaban desde un alto. Las pequeñas nubes eran de tierra levantada por las balas. Pero el chico continuaba corriendo precipitadamente sin reparar en nada. De pronto, exclamó consternado:
—¡Le han dado!
No había terminado de decir la palabra cuando vio levantarse de nuevo al tamborcillo.