Corazón

Corazón

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay, Federico! —continuó la abuela viéndole tan callado—. ¡No me dices ni una palabra de arrepentimiento! Ya ves el estado en que me encuentro, que puede acabar conmigo. No debieras consentir que padeciera tanto, que por tu culpa llorase la madre de tu madre, tan vieja y próxima a su fin, tu pobre abuela, que siempre te ha querido tanto, que te mecía noches enteras cuando eras un nene de pocos meses, y que no comía por entretenerte. ¡Tú qué sabes! Yo siempre decía: «¡Éste será mi último consuelo!», y ahora me matas a disgustos. De buena gana daría lo poco que me queda de vida con tal de que fueses otra vez un buen chico, tan obediente como aquellos días… cuando te llevaba al santuario de la Santísima Virgen. ¿Te acuerdas, Federico? Tú me llenabas los bolsillos de piedrecitas y de hierbas, y yo te traía a casa en mis brazos, dormidito. En cambio, ahora que estoy paralítica y tengo tanta necesidad de tu cariño como del aire para respirar, porque no tengo, pobre de mí, a otro ser en el mundo… ¡Dios mío!

Federico estaba por echarse en brazos de su abuela, dominado por la emoción, cuando le pareció oír un ligero ruido, unos crujidos continuados en la habitación de al lado, que daba al huerto. Pero no distinguía si eran las puertas u otra cosa.

Puso oído atento. La lluvia caía con fuerza. El ruido se repitió, y la abuela también lo oyó.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker