Corazón
Corazón —¿Qué es? —preguntó un momento después, muy intrigada.
—Debe ser la lluvia —murmuró el muchacho.
—Entonces, Federico —dijo la anciana, enjugándose los ojos—, ¿me prometes ser bueno y no hacer llorar ya más a tu pobre abuela?
Un nuevo ruido la interrumpió.
—¡No me parece que sea la lluvia! —exclamó, palideciendo—. ¡Vete a ver!
Mas enseguida añadió:
—No, ¡quédate aquÃ! —Y asió al muchacho por una mano.
Quedaron los dos conteniendo la respiración. Solamente se oÃa el ruido producido por la lluvia.
A continuación ambos sintieron un escalofrÃo. A los dos les habÃa parecido oÃr ruido de pies en la habitacioncita de los muebles viejos.
—¿Quién es? —preguntó Federico haciendo de tripas corazón.
Nadie respondió.
—¿Quién anda ah� —repitió Federico, muerto de miedo.
Pero apenas hubo pronunciado tales palabras, ambos lanzaron un grito de terror. Dos hombres entraron en la cocina-comedor: el uno sujetó al muchacho y le tapó la boca con la mano; el otro agarró a la anciana por la garganta. El primero dijo: