Coraz贸n
Coraz贸n El profesor, el de la cicatriz en el cuello, que sirvi贸 a las 贸rdenes de Garibaldi, nos llev贸 enseguida a las barras verticales, que son muy altas, y hab铆a que subirse hasta lo 煤ltimo, quedando de pie sobre el eje transversal. Derossi y Coretti subieron como dos monos; tambi茅n se mostr贸 谩gil en la subida el peque帽o Precossi, aunque estorb谩ndole el chaquet贸n que le llegaba hasta las rodillas, y para hacerle re铆r y estimularle, le repet铆amos su acostumbrado estribillo:
鈥擯erdona, perdona.
Stardi bufaba, se pon铆a rojo como un pavo y apretaba los dientes como perrito rabioso; pero aunque hubiese reventado habr铆a llegado a lo 煤ltimo, como, en efecto, lleg贸. Tambi茅n super贸 la prueba Nobis, que adopt贸 desde lo alto la postura de un emperador. Votini se resbal贸 dos veces, a pesar de su bonito traje con listas azules, que le hab铆an hecho expresamente para la gimnasia.
Para subir con mayor facilidad, todos nos embadurn谩bamos las manos con pez griega, o colofonia, como la llaman, y, por supuesto, es el traficante de Garoffi quien la provee a todos en polvo, vendi茅ndola a perragorda el cucurucho, gan谩ndose casi otro tanto.

NOS EMBADURN脕BAMOS LAS MANOS CON PEZ GRIEGA