Corazón
Corazón Mi padre le dio el brazo, y él me cogió de la mano, bajando de ese modo por el caminillo. Encontramos a dos chicas descalzas, que cuidaban de unas vacas, y a un muchacho, que pasó corriendo con un gran haz de hierba a las espaldas. El maestro dijo que los tres eran alumnos de segundo, que por la mañana llevaban las vacas a pacer y trabajaban en el campo, con los pies descalzos, yendo por la tarde, calzados, a la escuela.
Era casi mediodía, y ya no encontramos a nadie más. En unos minutos llegamos a la posada, nos sentamos en una mesa grande, poniendo en medio al maestro, y enseguida empezamos a comer. Mi padre le cortaba la carne, le partía el pan y echaba sal a su plato. Para beber tenía que sujetar el vaso con ambas manos, y aun así chocaba en sus dientes.
El maestro se mostraba alegre, pero la misma emoción del feliz encuentro aumentaba su temblor, que casi le impedía comer.