Corazón

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Al fin no permitió Dios que una hazaña tan generosa resultase inútil, y el nadador arrebató su presa al gigantesco río, la sacó a la orilla y aun le prestó, juntamente con otros, los primeros auxilios; después de lo cual marchó a su casa, sano y tranquilo, para referir ingenuamente su meritísima acción.

Señores, bello y admirable es el heroísmo de un hombre; pero el de un niño sin miras de ambición o de interés alguno, que debe tener tanto más atrevimiento cuanto menores son sus fuerzas; el de un niño al que nada le exigimos y que a nada está obligado, pareciéndonos un ser amable y noble, no ya cuando cumple sus pequeños deberes, sino cuando se percata del sacrificio ajeno, el heroísmo de un niño, digo, raya en lo divino. Nada más quiero añadir, señoras y caballeros. No he de adornar con palabras superfluas una grandeza tan manifiesta. Aquí tienen ustedes al generoso y admirable salvador. Saludadlo, soldados, como a un hermano; vosotras, madres, bendecidlo como a un hijo; vosotros, chicos aquí presentes, recordad su nombre, grabad bien en vuestra memoria su semblante, y que su figura no se borre jamás ni de vuestra mente ni de vuestro corazón. Acércate, muchacho. En nombre del Rey, prendo en tu pecho la medalla al mérito civil.

Un viva estruendoso, dicho a la vez por centenares de gargantas, hizo retemblar las paredes del edificio.


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