Corazón
Corazón Al día siguiente, hacia el oscurecer, después de haber dormido la noche anterior en un cuartucho de una casa de Boca, al lado de un almacén del puerto, y tras haber pasado casi todo el día sentado en un montón de madera, como adormilado, frente a millares de gabarras y de vaporcitos, se hallaba en la popa de una barcaza a vela, cargada de fruta, que salía para la ciudad de Rosario, conducida por tres robustos genoveses bronceados por el sol, cuya voz y el querido dialecto que hablaban dio no poco alivio a su contristado corazón.
Salieron, y el viaje duró tres días y cuatro noches, siendo de continua admiración para el pequeño viajero. Tres días y cuatro noches sobre la superficie del maravilloso río Paraná, respecto al cual, nuestro río Po no es más que un arroyuelo y la longitud de nuestra península cuadruplicada no alcanza la de su curso.