Corazón
Corazón La barcaza marchaba lentamente en contra de la corriente de aquella masa inconmensurable de agua. Pasaba entre largas islas, en otro tiempo nidos de serpientes y guaridas de tigres, cubiertas de sauces y otros diversos árboles frondosos, que daban la impresión de bosques flotantes; otras veces se deslizaba por vastas extensiones de agua parecidas a grandes lagos tranquilos; después, nuevamente entre islas, por intrincados canales de un archipiélago, en medio de exuberantes vegetaciones. Reinaba un silencio sepulcral. En largos trechos, las orillas y las aguas solitarias y amplísimas, evocaban la imagen de un río desconocido que la pobre embarcación a vela fuese la primera del mundo en surcar. Cuanto más se avanzaba, tanto más le descorazonaba el inmenso río. Se le figuraba que su madre se hallaba en sus fuentes y que la navegación iba a durar años enteros.