Corazón
Corazón —Esta noche dormirás en un carro —añadió el capataz—; te despertaré mañana a las cuatro de la madrugada. Buenas noches.
Al dÃa siguiente, a las cuatro, a la luz de las estrellas, se puso en movimiento la larga fila de carros, produciendo no pequeño estrépito. Cada carro iba tirado por seis bueyes, seguidos todos por muchos animales de refresco. El muchacho, despierto y colocado en el interior de una carreta, sobre los sacos, no tardó en quedarse dormido profundamente. Cuando se despertó, el convoy estaba detenido en un lugar solitario, al sol, y todos los hombres, los peones, se hallaban sentados, formando cÃrculo, en torno de un cuarto de ternera que se asaba al aire libre, clavado en una especie de espadón plantado en el suelo, junto a la hoguera avivada por el viento.
Comieron todos juntos, echaron la siesta y luego se puso en marcha el convoy. Asà continuó el viaje con la regularidad de una marcha militar. Cada mañana se ponÃan en camino a las cinco y paraban a las nueve, para proseguir a las cinco de la tarde y hacerse alto a las diez de la noche.
Los peones iban a caballo y estimulaban a los bueyes con largas picas. Marco encendÃa el fuego para el asado, daba de comer a los animales, limpiaba los faroles y acarreaba el agua necesaria.