Corazón
Corazón Pasaron cuatro días, cinco, una semana. Las fuerzas le iban disminuyendo rápidamente y los pies le sangraban. Al fin una tarde, al ponerse el sol le dijeron:
—Tucumán se halla a cinco leguas de aquí.
El lanzó un grito de alegría y apresuró el paso, como si en un instante hubiese recobrado todo el vigor perdido. Pero fue una corta ilusión. Las fuerzas le abandonaron de pronto y cayó extenuado a la orilla de una zanja. Sin embargo el corazón le saltaba de gozo. El cielo cuajado de estrellas muy brillantes, entre las que sobresalían las de la Cruz del Sur, nunca le había parecido tan hermoso. Las contemplaba tendido sobre la hierba, con deseos de dormir, y pensaba que tal vez le estuviese esperando su madre en aquellos momentos. Y se decía: «¿Dónde estás, madre mía? ¿Qué haces ahora? ¿Piensas en tu Marco, que está cerca de ti?»