Corazón
Corazón —¡Imposible! ¡Imposible! —repuso Marco—. DÃganme por dónde se va, no puedo esperar ni un minuto más; me voy enseguida, ¡aunque me caiga muerto por el camino!
Viéndole tan decidido, no se opusieron.
—¡Que Dios te acompañe! —le dijeron—. Ten cuidado por el camino del bosque. ¡Feliz viaje, italianito!
Un hombre lo acompañó hasta las afueras de la población, le indicó el camino que debÃa seguir, le dio algunos consejos y se quedó mirándole cómo se alejaba.
El muchacho desapareció al cabo de unos minutos, cojeando, con el bulto de ropa a la espalda, por detrás de los espesos árboles que bordeaban la carretera.