Corazón
Corazón —Mi querida y buena señora —dijo esforzándose mucho y entre sollozos—, le pido que haga el favor de enviar a mi familia por medio del señor Cónsul, el poco dinero y la ropa que poseo. Supongo que todos vivirán. Mi corazón lo presiente en estos últimos momentos. Tenga la bondad de escribir… que siempre he pensado en ellos, que he trabajado por ellos… por mis hijos… y que mi única pena es no volver a verlos…, pero que he muerto con buen ánimo… resignada… bendiciéndolos; y que a mi marido… y a mi hijo mayor… les recomiendo que velen por el más pequeño, mi pobrecito Marco… a quien he tenido presente en mi corazón… hasta el último momento… —PoseÃda de repentina exaltación, exclamó, juntando las manos: —¡Mi Marco! ¡Mi niño! ¡Mi vida!…
Pero al girar sus ojos anegados en lágrimas, ya no vio a la señora; alguien la habÃa llamado por señas sin que la paciente lo advirtiera. Buscó al ingeniero, y también habÃa desaparecido. Solamente estaban en la habitación las dos enfermeras y el ayudante del médico.
En la habitación contigua se oÃan pasos acelerados, palabras entrecortadas y exclamaciones contenidas.