Corazón
Corazón La enferma miró hacia la puerta con ojos velados en actitud expectante. Al cabo de unos minutos vio aparecer al cirujano con expresión extraña, y luego a sus señores también visiblemente alterados. Los tres la miraron de modo singular y se intercambiaron unas palabras en voz baja. Pareciole que el doctor decía a la señora:
—Es mejor enseguida.
La enferma no comprendía.
—Josefa —le dijo la señora con voz temblorosa—, tengo que darle una buena noticia. Prepárese a recibirla.
La mujer le miró con extremada atención.
—Es una noticia —prosiguió diciendo la señora— que le causará mucha alegría.
La enferma abrió desmesuradamente los ojos.
—Dispóngase —añadió— a ver a una persona… a la que quiere muchísimo.
La mujer levantó la cabeza con vigoroso impulso y empezó a mirar ora a la señora, ora hacia la puerta, con ojos fulgurantes.
—Es una persona —añadió la señora, palideciendo— que acaba de llegar inesperadamente.
—¿Quién es? —preguntó la enferma con voz quebrada y extraña, como de persona asustada.