Corazón
Corazón —Pronto lo va a ver —le contesté, apretando el paso.
—¿Pero dónde está el colegio? Mi mujer la llevó a él cuando yo estaba ausente. Debe estar por aquí.
Habíamos llegado a la puerta. Enseguida fuimos al locutorio.
Se presentó enseguida un asistente.
—Yo soy el padre de Luisa Voggi —dijo el jardinero—. Desearía verla cuanto antes.
—Ahora están en recreo —contestó el empleado—; se lo diré a la profesora.
El jardinero ya no podía hablar ni estarse quieto. Miraba los cuadros de las paredes sin ver nada.
Se abrió la puerta y entró una maestra vestida de negro con una chica de la mano.
Padre e hija se miraron un momento y luego se abrazaron con gran efusión.
La chica llevaba una bata de tela con rayas blancas y de color rosa y un delantalito blanco. Es más alta que yo. Lloraba y tenía a su padre apretado por el cuello con ambos brazos.
Su padre se desasió de ellos y empezó a mirarla de arriba abajo, con los ojos llenos de lágrimas y tan agitado como si acabase de echar una carrera. Luego exclamó: