Corazón
Corazón —Cata-lina Gior-dano. —Luego dijo a su padre—: Mu-y bu-e-na, mu-y bue-na.
El empleado, que habÃa salido a una señal de la profesora, volvió casi enseguida con una sordomuda rubia, robusta, de expresión alegre, vestida con un uniforme idéntico al de Luisita. Se detuvo a la entrada y, poniéndose bastante colorada, inclinó la cabeza, sonriendo. Aunque tenÃa el cuerpo de mujer ya formada, parecÃa una niña.
La hija de Jorge corrió a su encuentro, la cogió del brazo y la presentó a su padre, diciendo con su gruesa voz:
—Cata-lina Gior-dano.
—¡Ah! ¡La muchacha extraordinaria! —exclamó el padre. Y alargó la mano como para hacerle una caricia, pero enseguida la retiró, repitiendo—: ¡MagnÃfica muchacha, que Dios te bendiga y te dé toda clase de consuelos y satisfacciones, que os haga felices a ti y a los tuyos! Asà os lo desean de todo corazón una buena muchacha, mi pobrecita Luisa, y un agradecido padre de familia.
Catalina acariciaba a Luisita, teniendo ella la cabeza baja y sonriéndose plácidamente. El jardinero la miraba con la veneración que se siente ante una virgen.
—Hoy puede llevarse a su hija —dijo la profesora.