Corazón
Corazón —¿Quieres algo más, mamá? —preguntó después, al retirar la taza—. ¿Te has tomado las dos cucharaditas de jarabe? Cuando no quede, haré una escapada a la farmacia. La leña ya está descargada. A las cuatro pondré la carne a cocer, como me has dicho, y, cuando pase la mujer de la mantequilla, le daré su dinero. Todo se hará: Tú no tienes que preocuparte.
—Gracias, hijo mÃo —respondió la mujer—; mi pobre hijo —añadió— está en todo.
Quiso que tomara un terrón de azúcar, y luego Coretti me enseñó el retrato de su padre en una foto colocada en un cuadrito con marco, ostentando en el pecho la medalla al mérito, que ganó en 1866, sirviendo en la división del prÃncipe Humberto. TenÃa la misma cara del hijo, con sus ojos vivarachos y su sonrisa tan simpática.
Volvimos a la cocina.
—Ya me acuerdo de otra cosa que faltaba —dijo Coretti, y añadió en el cuaderno: también se hacen guarniciones para los caballos—. Lo demás lo haré esta noche; me acostaré algo tarde. ¡Dichoso tú que dispones de todo el tiempo que quieres para estudiar, y aún te sobra para ir de paseo!
Siempre está contento y dispuesto para el trabajo. En cuanto entramos en la tienda-almacén, empezó a poner trozos de leña gruesa en el caballete y a serrarlos por la mitad, diciendo entretanto: