Corazón
Corazón —¡Cállate! —e inclinándose a su oÃdo, añadió—: ¡Es ciego!
Votini se puso de pie de un salto y miró la cara del muchacho. TenÃa las pupilas apagadas, sin expresión, sin mirada.
Votini se quedó anonadado, sin palabra, con los ojos bajos. Después balbuceó:
—¡Lo siento; no lo sabÃa!
El cieguecito, que todo lo habÃa comprendido, dijo sonriendo bondadosa y melancólicamente:
—¡Oh, no importa!
Ciertamente Votini es vanidoso; pero después de todo no tiene mal corazón. Durante el resto del paseo no se volvió a reÃr.