Corazón
Corazón Mientras tanto se habÃa reunido mucha gente en torno del anciano; un guardia y otros corrÃan de una parte a otra amenazando y preguntando:
—¿Quién ha sido? ¿Quién? ¡Decid quién ha sido! —y miraban las manos de los muchachos para ver si las tenÃan humedecidas por la nieve.
Garoffi estaba a mi lado; me di cuenta de que temblaba y estaba tan pálido como un muerto.
—¿Quién? ¿Quién ha sido? —continuaba gritando la gente.
Entonces oà a Garrone que decÃa por lo bajo a Garoffi:
—Anda, ve a presentarte; serÃa una cobardÃa permitir que se lo cargasen a otro.
—¡Pero si yo no lo he hecho adrede! —respondió Garoffi, temblando como una hoja de árbol.
—No importa, cumple con tu deber —repitió Garrone.
—¡No me atrevo!
—Date ánimos, yo te acompañaré.
El guardia y los otros gritaban cada vez más fuerte:
—¿Quién es el culpable? ¿Quién ha sido? ¡Le han metido un cristal de las gafas en un ojo! ¡Lo han dejado ciego! ¡Granujas!
Yo creà que Garoffi se iba a desmayar.