El Improvisador
El Improvisador Las dos únicas vías de acceso de las que se disponía entonces eran la cripta de la iglesia de San Sebastián y la casa en ruinas donde estábamos; y me siento inclinado a creer que nosotros fuimos los últimos en descender por este acceso, pues poco después de nuestra visita lo cerraron y los viajeros sólo pudieron seguir entrando por la iglesia, guiados por un monje.
Allí abajo, en la yerma tierra de puzolana, serpentean los pasadizos, entrecruzándose unos con otros; su número y el gran parecido entre todos ellos puede confundir hasta al mejor conocedor de las formas de orientarse.