El Improvisador
El Improvisador —¡No quiero tener novia, no quiero tener mujer! —le dije a mi madre—. ¡Quiero ser cura, o capuchino como Fra Martino!
La extraña quietud en la que me pasaba tardes enteras le parecÃan a mi madre otro sÃntoma de que estaba predestinado para la iglesia. En realidad, yo estaba pensando en los palacios y las iglesias que harÃa construir cuando fuera mayor y muy rico; en los viajes que harÃa, igual que los cardenales, en carrozas rojas con muchos lacayos cubiertos de galones dorados. O creaba, para mà solo, una nueva historia de mártires, al estilo de las muchas que nos contaba Fra Martino, pero en las que el héroe, naturalmente, era yo, y gracias a la ayuda de la Madonna nunca sentÃa dolor pese a los tormentos a que me sometÃan. Pero sobre todo deseaba viajar a la tierra de Federigo para convertir a aquellas gentes y que también ellos pudieran participar de la Gracia.