El Improvisador
El Improvisador —¡Bueno, eso se dice siempre! —respondió riendo—; pero bien, vale. Usted es un joven inteligente, le saldrá todo a pedir de boca.
La pieza concluyó, me encontré solo en el escenario vacÃo.
—¡PatÃbulo listo! —dijo riendo el regidor, y dio la señal al jefe de máquinas. El telón se alzó.
Solamente vi un fondo negro, apenas podÃa vislumbrar las cabezas de la primera fila, junto a la orquesta, y los primeros palcos de aquel edificio de cinco plantas; un aire cálido y denso me envolvÃa. Sentà una serenidad que me llenó de asombro a mà mismo; ciertamente mi alma estaba agitada, pero era como si se tratara de algo normal y necesario para que surgieran las ideas con facilidad y destreza, igual que el cielo es especialmente claro cuando, en invierno, es atravesado por un frÃo penetrante. SentÃ, de pronto, tensión y claridad a un tiempo. ¡Todas mis facultades espirituales estaban despiertas, como habÃan de estarlo en aquellos instantes!