El Improvisador
El Improvisador Cualquier persona podía proponerme un tema escrito en un papel, para que improvisara sobre él; un funcionario de policía comprobaría primero si no se trataba de nada ilícito, y luego era yo el que elegía entre las propuestas: il cavalier servente, una especie de servidor en el que nunca había pensado mucho, aunque sabía que el cicisbeo, como también se denomina, era el caballero de nuestro tiempo, aquel que, ya que no puede batirse por su dama, se convierte en su leal guía, en sustitución del esposo. Recordé el famoso soneto Femina di costume di maniere; pero de momento no acudía a mi mente idea alguna[71]; abrí con gran expectación el segundo papel; ponía «Capri», también aquello me sumió en la confusión, pues nunca había estado en aquella isla, solamente había visto desde Nápoles sus bellas formaciones montañosas. Lo que no conocía, tampoco podía cantarlo, de manera que sería preferible optar por il cavalier servente. Abrí el tercer papel: ponía «Catacumbas de Nápoles»; tampoco había estado en ellas, pero la palabra «catacumbas» me trajo un episodio de mi propia vida, la excursión, en mi infancia, con Federigo; nuestra aventura se presentó con toda viveza ante mi alma, e hice varios acordes. Los versos salieron por sí solos, conté lo que había vivido y sentido, aunque esta vez fuera en las catacumbas de Nápoles y no en las de Roma, volvía a tomar el hilo de la suerte, recibí una ovación atronadora, que corrió por mi sangre como si hubiera sido champán.