El Improvisador

El Improvisador

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

De modo que se llamaba Lara. Yo estaba sentado de espaldas al cochero, veía las columnas del templo alejarse cada vez más, pero en mi corazón seguía oyendo el grito de miedo de la niña, mi propio dolor. En el camino había acampado un grupo de gitanos que tenían encendido un gran fuego en la cuneta y estaban cocinando. La anciana abuela gitana tocaba la pandereta e intentó adivinarnos el futuro, pero no nos detuvimos. Dos niñas de ojos negros nos siguieron un buen trecho. Eran bonitas, y Gennaro se puso a hablar de su ágil carrera y sus ojos ardientes, aunque no eran bellas ni nobles como Lara.

Al atardecer llegamos a Salerno, para dirigirnos al día siguiente a Amalfi y desde allí a Capri.

—Sólo un día —me dijo Fabiani— permaneceremos en Nápoles cuando lleguemos allí, a finales de semana tenemos que estar de vuelta en Roma. ¿Tendrás tiempo de arreglar tus cosas tan rápido, Antonio?

Yo no podía, no quería volver a Roma, pero una timidez, un miedo de los que nunca había conseguido librarme a lo largo de mi vida de pobreza y sentido de la gratitud, hicieron que me atreviera a balbucir que Sua Eccellenza se irritaría seguramente si osara regresar.

—¡Nosotros nos ocuparemos de todo! —me interrumpió Fabiani.

—¡Perdónenme, pero no puedo! —balbucí tomando la mano de Francesca—. ¡Reconozco profundamente todo lo que les debo!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker