El Improvisador
El Improvisador —Asà es como nos reunirá la muerte —dije—. ¡La muerte es rica! Suyo es todo lo que más querido resulta a nuestro corazón —hablé con ella de todos mis queridos difuntos, incluso de la muerte de mi pensamiento, de mi amor, y muchas veces regresamos a los mismos recuerdos.
Entonces me preguntó si también pensarÃa en ella cuando nos separásemos, pues pronto volverÃa al convento, serÃa monja, novia de Cristo, y no volverÃamos a vernos nunca.
Un agudo dolor me invadió al pensarlo, sentÃa con plena claridad lo querida que habÃa llegado a resultarme Flaminia.
Un dÃa iba con su madre y conmigo por el jardÃn de Villa d’Este, donde crecen los altos cipreses, recorrÃamos la larga avenida formada por las cascadas artificiales. HabÃa allà un mendigo harapiento escardando la hierba del paseo; al vernos, nos pidió un baiocco. Yo le di un paolo, Flaminia le sonrió amable y también le dio uno.
—¡La Madonna premie a su joven Eccellenza y a su bella novia! —nos dijo en voz bien alta.