El Improvisador
El Improvisador —No muchas —respondió Poggio—; aunque cuando celebra una recepción hay muchos candidatos a asistir. La bella es tÃmida como una cervatilla, tremendamente recatada, como ninguna otra mujer de las que he conocido, aunque —añadió con una sonrisita burlona— ¡es una forma de hacerse la interesante! El cielo sabrá cómo son las cosas realmente. Mire usted: nuestro Podestà tiene dos hermanas, las dos pasaron muchos años lejos de él; la más joven se casó en Grecia, y parece que es ella la madre de la preciosa criaturita; la otra hermana está aún soltera, es toda una solterona, se trajo aquà a la bella hace unos cuatro años.
Fue como si una oscuridad repentina interrumpiera su discurso, fue como si la negra noche nos apretara en su abrazo, y en ese mismo instante brilló la roja centella a nuestro alrededor. La siguió el estampido del trueno, que me recordó a las erupciones del Vesubio. Nuestras cabezas se inclinaron, sin darnos siquiera cuenta nos santiguamos.
—¡Válgame el Cielo! —exclamó la posadera, que apareció en aquel momento—. ¡Qué horror, qué espanto! Seis de nuestros mejores pescadores están ahora en el mar, ¡la Madonna extienda su mano sobre ellos! ¡La pobrecita Agnese tiene cinco hijos, serÃa una auténtica catástrofe!