El Improvisador

El Improvisador

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tomé una góndola y al poco me encontraba en la estancia en la que estaban Rosa y Maria con sus labores. Maria estaba cohibida, yo no tenía valor para decir la única cosa que tenía ocupada mi mente, respondí distraído a sus preguntas, la pena atenazaba mi alma; Rosa me tomó entonces la mano y dijo:

—¡Usted tiene una gran pena! ¡Tenga confianza en nosotras! ¿No vamos a poder consolar a un amigo de verdad y sufrir con él?

—¡Ya lo saben todo! —exclamé, y mi dolor se sintió un poco aliviado.

—¡Maria quizá! —respondió Rosa—. Pero yo no sé prácticamente nada.

—¡Rosa! —dijo Maria con voz suplicante, y le cogió la mano.

—¡No, para usted no tengo secretos! —dije—. Lo contaré todo. También me servirá de bálsamo —y les hablé de mi pobre infancia, de Annunziata y de mi huida a Nápoles; pero al ver ante a mí a Maria con las manos juntas, en una postura que habría podido ser de Flaminia, y que adoptaba ante mí otra criatura más, callé. De Lara, de la imagen onírica de la gruta, no me sentía con ánimos de hablar en presencia de Maria, además de que no formaba parte de la historia de Annunziata. Pasé enseguida a nuestro encuentro en Venecia y a nuestra última conversación. Maria se cubrió el rostro con las manos y lloró. Rosa callaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker