El marciano
El marciano Su entrenamiento, su terquedad, y su maldito sentido del humor se convierten en su arsenal. Decide cultivar su propia comida. Si puede producirla, puede ganar tiempo. Encuentra patatas traídas para la cena de Acción de Gracias y las convierte en esperanza. Necesita tierra fértil, pero Marte no la tiene. Así que la crea. Mezcla el suelo marciano con excremento humano y bacterias del hábitat.
—Estoy literalmente cultivando comida con mierda. Soy el mejor botánico en este planeta.
Cada paso hacia la supervivencia es una danza con la muerte. Las ironías abundan: sobrevive gracias a su propia mierda, a una herida que selló su traje y a una tecnología que casi lo mata. Pero sobre todo, sobrevive por su voluntad.
Así comienza la bitácora de un hombre solo en Marte, cuya lucha deja claro que vivir es más que respirar: es rebelarse contra el vacío. Y Watney ha decidido luchar.
Mark Watney se convierte en el primer granjero marciano. La idea es simple y desesperada: cultivar patatas en un planeta muerto. Para eso necesita suelo fértil, agua, calor y luz. Todo debe ser creado artificialmente. Pero no tiene alternativa. Si no hace crecer comida, morirá antes de que alguien pueda siquiera pensar en rescatarlo.
