El marciano
El marciano —Las patatas son mi única esperanza. Quién lo dirÃa —murmura mientras mezcla tierra marciana con excrementos y los esparce dentro del Hab.
Extrae nutrientes de donde puede. Usa mantas y trajes espaciales para improvisar zonas de cultivo. Irriga el suelo con agua que fabrica quemando hidrógeno y oxÃgeno, un proceso peligroso que casi lo mata al provocar una explosión. Pero vive. Aprende de cada fallo. No hay segundas oportunidades, solo soluciones.
Mientras tanto, en la Tierra, una joven analista en el centro de control de satélites de la NASA, Mindy Park, nota algo extraño en las imágenes: los objetos en la superficie de Marte se han movido. El Hab está intacto. Los paneles solares están limpios. Las cajas de almacenamiento han sido reubicadas.
—Dios mÃo... está vivo.
Asà comienza una carrera contrarreloj en la NASA. Sin forma de comunicarse con Watney, solo pueden observar y suponer. Lo ven desmontar rovers, manipular paneles, mover antenas. Su ingenio es su lenguaje. Mientras ellos lo intentan todo para establecer contacto, él continúa trabajando, convirtiendo el aislamiento en una ciencia de supervivencia.
