Quédate conmigo...
Quédate conmigo... Kate apretó los labios. ¿Qué sabía él de su vida, de sus sacrificios? Pero cuando su mirada se cruzó con la de Jack, entendió que no era un juicio, sino una curiosidad sincera.
—Bailo porque es lo único que todavía siento como mío —respondió, su voz apenas un susurro.
Jack asintió lentamente, como si la respuesta confirmara algo que ya sabía.
—Tengo un trabajo para ti —dijo, cambiando de tema abruptamente.
Kate dio un paso atrás, sorprendida.
—¿Qué clase de trabajo?
Jack sonrió, pero no era una sonrisa cálida. Era una sonrisa que prometía complicaciones.
—Necesito que me ayudes a vigilar a alguien. Una mujer. Está metida en algo peligroso, y no quiero que termine mal.
Kate lo miró con incredulidad.
—¿Y por qué crees que voy a ayudarte?
—Porque necesitas algo nuevo. Algo que te saque de esa rutina que tanto odias.
Había algo alarmante en lo fácil que Jack parecía leerla, pero también algo tentador. Contra toda lógica, Kate asintió.
—Bien. ¿Qué tengo que hacer?