Quédate conmigo...
Quédate conmigo... La primera vez que Kate vio a la mujer que debía seguir, supo que la tarea no sería sencilla. Era alta, elegante, y tenía un aire de alguien acostumbrado a moverse entre secretos. Jack la había identificado como Lena, alguien vinculada con un tráfico de información que podría poner en peligro a muchas personas, aunque se había reservado los detalles.
Kate siguió a Lena durante tres días, aprendiendo sus rutinas, sus hábitos. Pero cuanto más la observaba, más sentía que algo estaba fuera de lugar. Las noches de Kate empezaron a llenarse de preguntas que no podía ignorar.
Cuando finalmente confrontó a Jack en una cafetería, sus palabras salieron como un disparo.
—¿Qué estás buscando realmente?
Jack mantuvo la calma, pero sus ojos mostraron una pizca de sorpresa.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque nada de esto tiene sentido. Si Lena es tan peligrosa, ¿por qué no haces algo tú mismo?
Jack tomó un sorbo de su café antes de responder.
—Porque necesito alguien en quien confiar.
El peso de sus palabras la golpeó. La honestidad de Jack era desconcertante, pero había algo más, algo que él no estaba diciendo.
—No lo entiendo —murmuró Kate.