Quédate conmigo...
Quédate conmigo... —No —dijo ella, su voz firme—. No voy a dejarte otra vez.
—No tienes opción, Kate. Si seguimos juntos, nunca lo lograrás.
Al amanecer, Kate se encontraba en una estación de tren, con el dispositivo oculto en su bolso. Jack le habÃa dado instrucciones precisas sobre a dónde ir, pero cada paso que daba sentÃa que se alejaba más de él y más cerca del peligro.
Cuando el tren empezó a moverse, miró por la ventana y vio a Jack de pie en la distancia, observándola desaparecer. Una mezcla de desesperación y esperanza llenó su pecho.
No sabÃa si volverÃa a verlo, pero una cosa era clara: no era la misma mujer que habÃa subido a ese vagón dÃas atrás. HabÃa algo nuevo en ella, una fuerza que no sabÃa que tenÃa.
El camino estaba lejos de terminar, pero ahora, por primera vez, Kate sintió que podÃa enfrentarlo.