Quédate conmigo...
Quédate conmigo... Kate sintió un escalofrÃo recorrer su columna. Ya lo sabÃa. HabÃa cruzado una lÃnea, y no podÃa regresar a la vida que habÃa dejado atrás.
—¿Y Jack? —preguntó, su voz quebrándose ligeramente.
La mujer la miró con compasión.
—Hizo su parte. Pero estos no son enemigos que se rindan fácilmente.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, cargadas de un significado que Kate no querÃa aceptar.
Esa noche, en una habitación de motel, Kate miró el reflejo de una mujer que apenas reconocÃa. Ya no era la camarera ni la bailarina resignada a su rutina. Era alguien diferente, alguien que habÃa luchado, corrido y perdido.
El teléfono en la mesilla sonó, sobresaltándola. Contestó con rapidez.
—¿Kate? —La voz al otro lado era inconfundible.
—¡Jack! ¿Estás bien? —preguntó, su corazón acelerándose.
Hubo una pausa antes de que él respondiera.
—Estoy vivo, por ahora. Pero no puedo quedarme.
—¿Qué significa eso? —dijo ella, la desesperación asomando en su voz.