Quédate conmigo...
Quédate conmigo... El hombre levantó la vista de su libro y sus ojos se encontraron. Esta vez, no era un salvador distante. Había una intención en su mirada, un reconocimiento.
—Gracias por lo de anoche —se atrevió a decir Kate, rompiendo el silencio.
El hombre cerró el libro con calma y la observó.
—No necesitas agradecérmelo —respondió con un tono grave.
—De todas formas, fue valiente de tu parte. ¿Siempre sales al rescate de extrañas?
Él dejó escapar una leve sonrisa, casi imperceptible.
—No siempre. Pero parecía que lo necesitabas.
El tren redujo la velocidad al acercarse a una estación. El hombre se puso de pie y, sin más palabras, se dirigió a la puerta. Antes de bajar, dejó caer un papel doblado en el asiento frente a Kate.
Ella lo tomó con rapidez, su corazón latiendo con fuerza. Al abrirlo, encontró un número de teléfono escrito con caligrafía precisa y, debajo, las palabras: "Jack."
El nombre era tan simple como enigmático, pero representaba una puerta hacia algo más. Algo desconocido.
