Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Un objeto tan precioso no puede escapar durante mucho tiempo a la atención y a la habilidad de los artistas ni a la vanidad de su dueño, sobre todo en épocas de paz, cuando se lleva sin mayor uso del que haría un obispo de un báculo o un rey de un cetro. Piel de tiburón y la mejor seda para la empuñadura, plata y oro para la guarda, lacado de diferentes tonos para la vaina, le robaban al arma más letal la mitad de su terror; pero estos remates son juguetes comparados con la propia hoja.