Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai A mi parecer, nuestra idea de unión matrimonial va, de alguna manera, más allá de la llamada idea cristiana. «El hombre y la mujer serán una sola carne»[348]. El individualismo de los anglosajones no puede librarse de la idea de que el marido y la mujer son dos personas; por tanto, cuando discrepan, se reconocen sus derechos distintivos, y cuando están de acuerdo, agotan su vocabulario referente a apodos cariñosos y zalamerías sin sentido. Para nosotros resulta sumamente absurdo, cuando un marido o una esposa hablan con otras personas de su otra mitad —mejor o peor— como alguien encantador, brillante, amable, y cosas así. ¿Acaso es de buen gusto hablar de uno mismo como «mi yo radiante», «mi encantadora disposición», y demás? Nosotros pensamos que alabar a la propia esposa es alabar una parte de uno mismo, y elogiarse a uno mismo se considera, como mínimo, de mal gusto. ¡Y espero que en los países cristianos también! Me he desviado detenidamente porque la humillación cordial de la esposa propia estuvo muy en boga entre los samuráis.