Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Las innumerables vÃas de entretenimiento e instrucción populares —teatros, puestos de cuentacuentos, estrado del predicador, recitales musicales, novelas— han tomado como tema principal las historias de samuráis. Los campesinos en sus chocas, recogidos en torno a la chimenea, nunca se cansaban de repetir las hazañas de Yoshit-suné y su fiel vasallo Benkei[361], o de los dos valientes hermanos Soga[362]. Los pilluelos escuchan en la penumbra con la boca abierta, hasta que se consume el último tronco y el fuego se apaga dejando las brasas, todavÃa con sus corazones rebosantes de las historias que se cuentan. Los encargados y dependientes, cuando termina su jornada y las amado[363] de la tienda están cerradas, se reúnen para contar la historia de Nobunaga y Hideyoshi hasta bien entrada la noche, hasta que el sueño vence sus ojos cansados y les transporta desde la monotonÃa del mostrador hasta las gestas del campo de batalla. Al bebé que apenas empieza a andar, se le enseña a balbucear las aventuras de Momotaro[364], el intrépido conquistador del paÃs de los ogros. Incluso las niñas están tan absortas con la pasión por las hazañas y virtudes caballerescas que, como Desdémona[365], escucharÃan atentamente para devorar con voraz oÃdo el relato del samurái.