Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Satsuma no era el único lugar de Japón donde se inculcaba la amabilidad a la clase guerrera. Un príncipe de Shirakawa[132] anota sus pensamientos azarosos, entre ellos el siguiente: «Aunque se presenten a hurtadillas en vuestro lecho en mitad del silencio de la noche, no los echéis, mas atesoradlos; la fragancia de las flores, el sonido de campanas lejanas, y el zumbido de los insectos en una noche helada». Y de nuevo: «Aunque hieran vuestros sentimientos, debéis perdonar estas tres cosas; la brisa que esparce vuestras flores, la nube que os oculta la luna y al hombre que busca pelea».
Era aparentemente para expresar, pero en realidad para cultivar, estos sentimientos más apacibles que se alentaba la escritura de versos. Por consiguiente, nuestra poesía tiene un importante trasfondo de sensibilidad y ternura. Una conocida anécdota de un tosco samurái ilustra este aspecto[133]. Cuando se le ordenó aprender versificación, y habiendo recibido como tema de su primera tentativa «Apuntes sobre la alondra»[134], su espíritu fiero se rebeló, y arrojó a los pies de su maestro esta burda creación, que decía:
El valiente guerrero se aparta
del oído que puede escuchar
el canto de la alondra.