Bushido, el código samurai
Bushido, el código samurai Al exaltar así la cortesía, no es mi intención colocarla en la primera línea de las virtudes. Si la analizamos, veremos que guarda relación con otras virtudes de rango superior; porque ¿qué virtud actúa en solitario? Cuando se la exaltó —o más bien debido a ello— como propia de la profesión de las armas y, en consecuencia, se apreció en un grado superior al que merecía, aparecieron sus imitaciones. El propio Confucio expuso en repetidas ocasiones que los adornos externos son una parte tan pequeña del decoro como los sonidos lo son de la música[142].
Cuando el decoro se convirtió en el sine qua non de las relaciones sociales, era de esperar que se pusiera de moda un complejo sistema de etiqueta social para instruir a la juventud en un comportamiento social correcto. Cosas del tipo cómo debe uno inclinarse al encontrarse con otros, cómo debe andar y sentarse, se enseñaban y aprendían con mucho esmero. Los modales en la mesa adquirieron la condición de ciencia. Cómo servir y tomar el té era casi una ceremonia. Naturalmente, de un hombre con educación se espera que domine todas estas cuestiones. Con mucho acierto, Veblen, en su interesante libro, se refiere al decoro como «producto y exponente de la vida de la clase ociosa»[143].